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Lula da Silva da vuelta a los resultados y gana las elecciones presidenciales de Brasil

Luiz Inácio Lula da Silva ganó este domingo 25 de octubre la segunda vuelta de elecciones en Brasil, con un 51.76 % de los votos, frente al 48.24 % del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, en una remontada inédita con el 99% de las urnas escrutadas, según los resultados oficiales.

El candidato progresista logró la reelección como presidente de Brasil por cuarta ocasión y asumirá su nuevo mandato a los 81 años de edad, el próximo 5 de enero en Brasilia.

Durante esta segunda jornada, Lula logró revertir el resultado de la primera vuelta, en la que Bolsonaro fue el candidato más votado, no obstante, el mandatario y candidato del Partido de los Trabajadores sumó más de 10 millones de votos mientras que su rival apenas logró añadir 3,6 millones, en estas tres semanas que separan las dos rondas electorales.

Flavio Bolsonaro, hijo mayor del ex presidente brasileño Jair Bolsonaro, fue el más votado en la primera vuelta de las elecciones el pasado 4 de octubre y esperaba reanimar el movimiento de extrema derecha de su padre, sin embargo, el líder progresista sumó 64.2 millones de papeletas, mejorando así sus resultados de 2022.

Esta victoria le permite a Lula resistir como el líder de la izquierda regional ante el avance de la derecha en otros países de la región, hoy alineados con el presidente estadounidense Donald Trump, y pone un freno a la ola de triunfos electorales de la derecha en América Latina.

Por su parte, Flávio Bolsonaro se pronunció ante el resultado y se negó a reconocerlo. Además, anunció que pedirá la anulación de los comicios después de que el juez del Supremo Tribunal Federal, Cristiano Zanin, extendiera el horario de votación dos horas, a petición de la campaña de Lula, debido a una serie de “incidentes” en el transporte de votantes en varias ciudades.

“Es imposible reconocer el resultado electoral dadas las circunstancias en que se desarrollaron estos hechos”, declaró.

Lula revierte posiciones de forma inesperada

La campaña del Lula da Silva estuvo marcada por un ambiente de desencanto por parte de la población, así como el desgaste de la imagen del mandatario como resultado de años de escándalos de corrupción y aumento de precios.

No obstante, en la recta final del proceso previo a la segunda vuelta de elecciones, el candidato recuperó terreno, entre otras cosas, gracias a la defensa de sus medidas sociales y al triunfo de la reforma laboral.

Entre otras razones que explican su inesperada victoria, destacan la geografía. En Minas Gerais, el estado que tiene el segundo mayor electorado del país, pasó de perder por casi 590.000 votos a ganar por unos 99.000, un vuelco de cerca de 690.000 votos en la diferencia entre ambos candidatos.

El estado, que ha respaldado al vencedor de todas las elecciones presidenciales directas desde 1989, volvió a acompañar el resultado nacional.

A pesar de que Bolsonaro conservó la ventaja en los estados de São Paulo y Río de Janeiro, Lula ganó en sus capitales, las dos ciudades más grandes de Brasil, y revirtió el resultado de la primera vuelta en la ciudad de Río.

A esto se sumó la victoria de Lula en los nueve estados del noreste y una mayor participación electoral, ya que la abstención cayó del 21.08% en la primera vuelta a aproximadamente el 19.2% en la segunda, lo que significa que cerca de tres millones más de brasileños acudieron a las urnas.

Otro factor determinante para la victoria fue la movilización digital, la cual fue reforzada por el equipo de Lula para poder ampliar su alcance y convertir el apoyo en participación electoral. El desafío no era solo convencer a indecisos, sino conseguir que quienes ya lo apoyaban acudieran realmente a votar.

La estrategia de ofensiva estuvo compuesta de medidas y propuestas de última hora dirigidas a preocupaciones concretas del electorado. Lula promulgó una ley que amplía el límite de facturación del régimen de microemprendedores individuales, planteó nuevas iniciativas para renegociar deudas de los consumidores y defendió acabar con las apuestas en línea, cuya expansión ha contribuido al endeudamiento de los hogares.

En materia de seguridad, incluso se acercó a la derecha y respaldó reducir la edad de responsabilidad penal para delitos especialmente graves, con lo cual buscaba responder a una de las demandas más grandes de la población que es la respuesta firme contra el crimen.

Por ahora, este triunfo le permitirá al líder progresista continuar en el poder pero tendrá que responder a las expectativas y promesas que alimentó para lograrlo.

Desafíos para el futuro

Las declaraciones de Bolsonaro en relación a la victoria de Lula no acabó con las celebraciones, no obstante, el poder que la derecha conserva en el Congreso y los gobiernos estatales, podría obstaculizar la fluidez de su nuevo mandato, generando una gran paradoja, una conquista histórica en las urnas pero con un margen estrecho para gobernar.

El primer desafío de Lula es legislativo ya que los partidos de derecha ocuparán 303 de los 513 puestos de la Cámara de Diputados, frente a 124 de la izquierda y 86 del centro.

En el Senado, la derecha también concentrará cerca de dos tercios de los asientos. Esto no significa una oposición automática, pero obliga a Lula a construir acuerdos que le permitan avanzar con sus propuestas, así como defender las prioridades de su gobierno.

En cuanto a los gobiernos estatales también impera el campo conservador. El PL de Bolsonaro obtuvo cinco gobernaciones, mientras que Republicanos y el PP obtuvieron cuatro cada uno. El PT ganó cuatro. El PSD, que reúne a dirigentes con distintas alianzas políticas, consiguió otras cinco. Las relaciones con esos gobernadores serán otro terreno de negociación para Lula, que necesitará cooperación regional para llevar adelante sus políticas.

El desafío más inmediato será convertir los avances económicos en un alivio que los brasileños perciban en su vida cotidiana. La percepción de la economía fue uno de los principales factores de desgaste para Lula durante la campaña: una inflación más baja no devuelve los precios a sus niveles anteriores, y las mejoras en el empleo no necesariamente compensan la presión de las deudas y los gastos familiares.

La insatisfacción por el costo de vida es un tema que persiste después de las elecciones, por lo que responder a ese malestar será más difícil debido a las restricciones fiscales. La deuda, el déficit y las altas tasas de interés limitan el margen para ampliar el gasto y anticipan disputas sobre cómo financiar las promesas de campaña sin comprometer los programas sociales. Con un Congreso adverso, las decisiones sobre quién paga y dónde se recorta serán también una prueba de su capacidad de negociación.

El tema de seguridad será otro de los frentes de presión, por lo que Lula deberá responder a la demanda de medidas más contundentes contra el crimen, ante una derecha que ha actuado con mano dura. Durante la recta final de la campaña, expresó su disposición a reducir a 16 años la edad de responsabilidad penal para delitos graves, una medida defendida por la derecha y con amplio respaldo popular. Ahora queda por ver si convierte esa señal de campaña en una propuesta concreta.

Por otro lado, también deberá afrontar también el desafío de preparar un relevo para una izquierda cuya capacidad de ganar elecciones presidenciales sigue estrechamente ligada a su figura.

En cuanto al tema internacional, Brasil se encuentra frente de la economía más grande de la región y cuenta con China como su primer socio comercial, por lo que el Gobierno de Lula usó su capacidad para hacer frente a los reclamos comerciales y políticos de Washington, una autonomía que pocos vecinos pueden intentar.

Sin embargo, el escenario regional al que se enfrenta Lula es sumamente desafiante, prácticamente aislado pues se encuentra en un entorno político muy distinto al que existía cuando asumió el cargo las veces anteriores, en el que contaba con varios aliados regionales.

Celebraciones ante el triunfo

En las calles de las grandes ciudades miles de brasileños celebraron este domingo la histórica victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, con una remontada inédita en unas elecciones presidenciales del país entre lágrimas y abrazos.

Gritos de alegría y las banderas abarrotaron las calles y avenidas de ciudades como São Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia o Salvador, reflejando la emoción de una noche electoral que muchos vivieron con incertidumbre.

Manifestantes congregados en la Avenida Paulista de São Paulo corearon la frase: “Democracia, democracia”.

Guatemala felicita a Lula tras su victoria en las urnas

Igual que diversos mandatarios de otros países, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo de León, felicitó este domingo a Luiz Inácio Lula da Silva por su “gran victoria en las urnas” y su reelección como presidente de Brasil.

A través de sus redes sociales, el mandatario publicó un mensaje en el que también elogió al pueblo brasileño “por una gran jornada electoral que consolida sus instituciones democráticas”, expresó.

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Foto: X @LulaOficial
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Foto: X @LulaOficial
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